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Proyecto para la creación de una fábrica de bodas en serie.

(Churros auténticos)

 La camarada Revolución nos ha dado cuenta de su gran desconsuelo. La gente sigue casándose… La camarada Revolución creía que el espíritu y la moral de las gentes se habrían adecentado un poco, pero se da cuenta de que el espíritu y la moral de las gentes no son susceptibles de adecentamiento. La gente sigue casándose… Ante la pavorosa realidad, intentamos higienizar sus inevitables consecuencias. Los hombres siguen amando modalidades de opresión. Al menos, veamos si pueden darse las argollas.

Proyecto

Emplazamiento.- La fábrica de bodas en serie se emplazará lejos de todo núcleo urbano. No es conveniente que las tragedias se realicen a la vista del público, porque desmoralizan una barbaridad. Además, las dificultades de acceso a la fábrica, harán reflexionar más a los tontos.

Materiales de construcción.- Serán de tal manera que ahoguen los ruidos. A nadie le importa lo que pasa dentro y siempre es mejor no escuchar las interjecciones de los que vengan a pedir cuentas por lo mal que les salió la suya.

Dependencias.- Una sala de espera, dividida en departamentos bipersonales por tabiques incompletos. El aislamiento es riguroso en caso de epidemia. Un salón de ceremonias y un tobogán para la salida.

Conviene la rapidez para que no haya lugar al arrepentimiento. Que cada palo aguante su vela.

Material.- De dos clases: a) insustituible y b) voluntario.

a) Una ducha fría; un Comité muy convencido de su importantísima misión; un sello que diga: Pasa, si te atreves; un tampón rojo o rojo y negro para el sello.

b) Una estaca.

Biblioteca.- Un ejemplar de los Mandamientos del Sentido Común.

Dependencias anejas a la fábrica.- Un almacén de remaches, herraduras, argollas y cadenas. Una tricromía alegórica de la Libertad.

Funcionamiento de la fábrica.- Es breve. Los individuos esperan, por parejas, en los departamentos bipersonales.

Luego van pasando al salón de ceremonias. No pueden hacer nada, absolutamente nada, sin el sello. Se les sella un papelito, las dos mejillas y la ropa interior de cada uno.

Entonces, el Comité, con voz muy hueca, les lee los Mandamientos del Sentido Común, que pueden reducirse a tres:

  1. Cuando estaba el cura, os engañaba el cura; cuando estaba el juez, os engañaba el juez; ahora os engañamos nosotros, puesto que venís a eso.
  2. El que no puede pasar sin una garantía de propiedad y fidelidad, merece las más viles opresiones sobre su corazón (peligro de asfixia).
  3. El paso por la fábrica da patente de idiota y predispone a dos o tres sinsabores diarios. ¡Sabemos lo que nos hacemos!

La ceremonia es gratuita. Bastante desdicha tienen los que van. Luego se les pone la argolla y la cadena, se les da a besar la tricromía del Comunismo Libertario y se les tira por el tobogán.

Para evitar alteraciones en la buena marcha de la fábrica, conviene poner a la salida este cartel:

No se admiten reclamaciones.


Más y mejor en la exposición “Mujeres Libres (1936-39), precursoras de un mundo nuevo”, que estará en el Museo Provincial de Jaén del 9 al 25 de abril, en la sala II del edificio de Exposiciones Temporales.