La hora de Jaén

Meridiano de Indolencia

 

De plazas

La tabarra esta del “arreglo” de plazas del centro me hizo preguntar ¿cuántas plazas hay en Jaén? Buscando en internet no encontré un nomenclator, sólo un callejero fiscal, en la web del ayuntamiento. que las clasifica, por categorías, en 5. Son unas 70 plazas.

Las de Primera son: la Plaza de la Concordia, la de la Constitución, la Plaza Deán Mazas, la Plaza del Pósito, la de Jaén por la Paz, la Plaza de la Libertad y la Plaza de los Perfumes.

¿Y las de Quinta categoría? Son 4. La Plaza del Acho, la Plaza de la Macarena, Plaza Nueva y la Plaza del Paso.

¡Ni sabía donde estaban! Las busqué. Fui a verlas…. Y encontré esta gracia y lindura.

¿Porqué se “arreglan” plazas que no lo necesitan? ¿Para poner barreras a las relaciones en libertad entre personas? ¿Para ganar alguna comisión? ¿Para promover la incomunicación y la soledad? ¿Para fomentar el consumo?

Ya conocemos remodelaciones que han saqueado plazas convirtiéndolas en explanadas, en patios carcelarios, en tristes mantos grises sin sombra, sin agua, sin verde, sin agua, sin tierra. Sin nada que poder coger. Sin nada con lo que jugar.

Recupero aquí un artículo que publicó Eugenio Castro en el número 2 del periódico El Rapto. Observatorio del sonambulismo contemporáneo, editado por el Grupo Surrealista de Madrid.

Principio de insolación (las plazas duras)

Proliferan las llamadas “plazas duras”. Se las reconoce porque el suelo que las conforma está constituido por losas que, valga la redundancia, enlosan la tierra. Es una superficie cuyo material, supongo que hecho a base de aleaciones indistintamente naturales y artificiales (aunque esto poco importa) endurece hasta la propia vista. En ellas, apenas unos cuadrados o rectángulos se abren aquí y allí (y eso cuando así ocurre) siguiendo el criterio de los diseñadores, urbanistas, etc. En ellos se han plantado árboles que cumplen una función meramente decorativa, siguiendo, de nuevo, el modelo del diseñador. Especies que no alcanzarán ni la altura ni el volumen como para poder cobijar al ciudadano de la inclemencia estacional. Risibles pinceladas verdes para disimular la desolación que produce esa extensión de material armado. A juego con el suelo, el mobiliario que las viste, en concreto los bancos, definen con la crudeza de su incomodidad, el sentido arisco e inhóspito que suelen tener esas plazas.

Sí se presta un poco de atención, se observará que las mismas circundan o avanzan, sobre todo, edificios de instituciones culturales. Y de modo especial, de Museos de arte contemporáneo. (Por puro mimetismo, esta costumbre se ha extendido a otro tipo de edificio cultural, como el teatro, sobre todo cuando se ha destruido uno antiguo y en su lugar se ha levantado uno moderno, cuya construcción no guarda ninguna relación con el entorno arquitectónico, además de destruir la plaza vieja). Lo cierto es que el cemento, el hormigón, el asfalto, el granito o no importa el material análogo con el que se hacen estas plazas, vuelve su superficie hostil a la luz, que al caer sobre ella rebota como si sintiera rechazo de tanta y dura aridez: sepultada la tierra que acogía la luz solar hasta penetrar en ella, estas losas, como sucede con el cristal de espejo de tantos nuevos edificios, rechazan todo lo que viene de fuera, separándolo e impidiendo que entre en el interior. En efecto, estas plazas están diseñadas y pensadas para mantener a la sombra escindida de su luz, para que domine un estado de insolación que crispe la afectividad e impida la pausa, el sosiego, la siesta, la contemplación, el dulce perecear… A sus constructores les gusta jugar, en el colmo de su jactancia, con la idea de que insertan en el seno de la ciudad espacios metafísicos, lo que consiguen como sola apariencia, ya que, es cierto, el aspecto debe ser predominante y debe ser lo más ascético posible, en verdad puritano. Sin embargo, en estas plazas no se concentra sensación alguna de límite (ni origen ni confín), sino vaciamiento físico de la experiencia, indistintamente individual y colectiva. Son plazas sin comunidad real, sin alojamiento, inhóspitas para la afectividad más elemental. ¿Por qué? Porque se conciben como plazas para la cultura tal y como esta se entiende hoy: como espacio sin sombra, sin tierra, desarbolado, construido para deslizarse por él. Esta es una de las posibles explicaciones de que proliferen en ellas, de modo mayoritario, un grupo humano que, como los “skaters”, se tornan representantes simbólicos de la cultura sin tradición a la que pertenecen estas plazas. Puede entenderse esto último que digo si se estima que tales plazas son espacios sin lugar (que nadie confunda mis palabras con la expresión, acaso desgraciadamente desvirtuada para su autor, de no-lugares: yo quiero decir sin localidad), pues son espacios para un público especialista, no para un ciudadano que no espera nada y, por esa razón, mantiene intactas todas sus posibilidades de relación sin condición. Resulta significativo, en este punto, señalar que este espacio que sustituye a la plaza abunde tanto, como ya he sugerido, al lado de los Museos de arte contemporáneo. Aunque debería corregirme y decir que la realidad es que forma parte de ellos, al erigirse en extensión que juega el papel de antesala de los espacios interiores de esos museos, por los que habremos de transitar siguiendo la inercia a la que esas antesalas externas predisponen: el deslizamiento entre ansioso y sedante, un tanto esquizofrénico, propio del espectáculo, del que participan estos museos que son entretenimiento en el estricto sentido anglosajón de la palabra entertainment y sus invariables connotaciones espectaculares. ¿Pues cómo dejar de ser enteramente globales, si se asume con indolencia provinciana la titularidad de un idioma que arrasa, así aplicado, con el lugar propio, convertido en espacio de exhibición? Lo que tenemos, ante tal fenómeno, es la comprobación de cómo la interiorización de lo “cultural” sepulta, por un lado, y encierra, por otro, lo abierto; de cómo el instinto de reunión es usurpado por el principio “capital” de la circulación. No puede dejar de contemplarse, en estos espacios internos y externos que son plataformas pertenecientes al Orden Mundial de la Economía, un testimonio de esa culturización de la exterioridad que conduce, cada día más, a una urbanización de la vida interior: construir, de hecho, y operar simbólicamente, espacios celulares en abierto dentro de la ciudad, como se levantan urbanizaciones en mitad de la naturaleza, para crear espacios-corte en la convivencia no delegada, espacios-corte para la potenciación de una especialización abusiva y generalizada (los mismos “skaters” son expertos, como lo son hoy los artistas, esto es, ejecutivos -conservadores o progresistas, por igual- puestos al servicio del liberalismo espectacular), en suma, urbanización parcelada orientada a fomentar una acumulación de gente que es, por definición, una negación de la reunión y, en consecuencia, de la relación.

Contra el running

Hoy, la noche del 16 al 17 de enero, deberían arder las lumbres de San Antón.

No hace mucho era ésta la fiesta popular tradicional de Jaén que más me gustaba. Por lo de fiesta, porque se organizaba por la gente -sin intermediarios- y porque mostraba con música, bailes, comidas, bebidas…una fisonomía y un temperamento; una cultura de aquí.

Como una actividad más dentro de la fiesta surgió hace años la carrera. Esta ha ido creciendo hasta tal punto que ha devorado “las lumbres” pasando éstas a ser como un colofón obligatorio y molesto de lo que realmente importa, y que es la carrera de  San Antón. El incremento de corredores de fuera, las ganancias de los negocios locales, la venta de la imagen de Jaén.. son las grandes razones. En estos tiempos no puede haber otras.

En 2016, una editorial de Jaén:  Piedra, papel, libros  publicaba el libro Contra el running. Corriendo hasta morir en la ciudad postindustrial, de Luis de la CruzNo es mal día para plantearse su lectura.

Para abrir boca aquí va esta reseña de Juan Pablo Herencia.

Diez años


Hoy cumple 10 años este blog.

Ydáñez

Con la sospecha que no es posible un progreso a mejor.

C. Montoro

Temiendo que el mostrar permanentemente la opresión sólo sirva para ocultarla.

En una Jaén lamentablemente decente e incurablemente desolada.

Imagen

De actualidad

Tostada de higos chumbos

Ingredientes: pan, aceite de oliva, higos chumbos.

Se tuesta el pan, se rocía -al gusto- con aceite de oliva y se le incorporan los higos chumbos maduros que se machacan con un tenedor.

Como dijo Leonardo “la sencillez es la máxima sofisticación”.

Otrora

En Gallica, una magnífica web de la Biblioteca Nacional de Francia se encuentran estas fotografías tomadas por Marie Hubert Vaffier en 1890.

Un des clochers de la Cathédrale de Jaen

La grande place à Jaen

Vue générale de Jaen

Une rue à Jaen

Partie de la façade de la Cathédrale de Jaen