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Circo gallístico

CIRCO GALLÍSTICO DE JAÉN

 Peleas del 22 de abril de 1878.

1.ª Dió principio Moreno, con una jaca colorada, de 3 y 14, tuerta, de Bailén, que se las hubo con una famosa jabada, de 3 y 13, de Torredonjimeno, que soltó Félix; apuesta 320 rs. que ganó éste, estando el dinero á medias, por quedar ciega la tuerta.

2.ª Moreno sacó una habada, de 3 y 8, que midió sus fuerzas con una colorada, de igual peso, de Torredonjimeno; apuesta 320 rs. que ganó Félix.

3.ª En busca de venganza salió Moreno con una colorada, de 3 y 5, que peleó con una tuerta, de 3 y 7, de igual pluma, de Torredonjimeno; apuesta 320 rs. que ganó Moreno.

4.ª Salió Montero con una gira semi-ciega, de 4 y 3, que se las hubo con una famosa tuerta, colorada, de igual peso, de Torredonjimeno: apuesta 320 rs. que ganó la de Jaen.

5.ª Montero sacó una gira, de 3 y 3, que peleó con una tuerta, colorada, de 3 y 5, de Mancha Real; apuesta 320 rs. que ganó la de Jaen.

Pollos.

6.ª Salió Félix con un hermoso jabado, de 3 y 13, que se midió con un colorado, de igual peso y púa, de Moreno; apuesta 320 rs. que ganó el de Jaen.

7.ª En busca de venganza salió Félix con un célebre Bartolillo, de 3 y 7, colorado, que se las hubo con uno de igual peso, pluma y púa, de Anguita; apuesta 320 reales que se embolsó Anguita (de Jaen).

8.ª Otra vez salió Félix de Torredonjimeno, con otro Bartolillo, de 3 y 5, jabado, que midió sus fuerzas con un colorado, de igual peso y púa, de Anguita; apuesta 320 rs. que ganó Anguita, descabellando su bicho al contrario.

9.ª Moreno sacó un habado, de 3 y 13, púa 5, que peleó con un colorado del mismo peso, púa 7, de Aranda, Mancha Real; apuesta 320 rs. que ganó Moreno.

(El corresponsal)

Don Lope de Sosa

Don Lope de SosaLos 216 números de la revista Don Lope de Sosa: crónica mensual de la provincia de Jaén, que aparecieron entre enero de 1913 y diciembre de 1930, ya están digitalizados y disponibles para quien quiera leerlos en la web de la Biblioteca Virtual de Andalucía. Aunque la consulta es página a página y en formato jpeg, merece la pena dar una ojeada a la obra que dirigía Alfredo Cazabán Laguna.

Don Lope

Don Lope último

Sicalíptico

Curiosa palabra.

El Diccionario de la RAE la define como: Perteneciente o relativo a la sicalipsis, palabra que viene (no es broma) del griego “sikov”, higo, y “aleyxis”, acción de untar, frotar; significando: Malicia sexual, picardía erótica.

Pues bien en el nº 46 de la revista semanal SICALÍPTICO (podéis adivinar su temática) editada en Barcelona en 1904, Alejandro Pita nos narra la siguiente historia de una jiennense:

Una tarde del pasado Octubre encontrábase Micaela con algunas amigas en su gabinetito perfumado. Llovía mucho y la habitación estaba casi á obscuras. La tristeza de aquella tarde otoñal y la falta de luz convidaba á hablar de recuerdos, á descargar el espíritu de la melancolía que suele agobiarle en los días en que el sol no ha vivificado la tierra.

Yo había salido con mi “dulce amiga” á hacer unas compras, y como la tarde no estaba para recorrer sin descanso la encenegada población, me propuso que fuésemos á pasarla a casa de Micaela de Córdoba que en más de una ocasión había manifestado deseos de conocerme.

Por eso me encontraba “entre ellas” y por eso pude averiguar cómo Micaela emprendió su agitada y alegre vida de cortesana.

Después de haber agotado varias conversaciones y como para evitarnos el tedio aquella tarde triste, Micaela empezó diciendo:

-Os voy á hablar del primer lance serio que tuve en mi vida y que fué la causa de que hoy me encuentre entre vosotros, en disposición de poderos ofrecer una buena cena, y hasta una cama bien mullida si no queréis llenaros los pies de barro. Soy hija de unos ricos labradores de la provincia de Jaén y tengo once hermanos. Mi padre es un hombre rígido y tan severo en cuestiones de honor, que á pesar de quererme mucho, tengo la completa seguridad de que me mataría en el punto y hora en que me encontrase. De mi madre no recuerdo; era yo muy niña cuando ella murió. Sola, en una casa donde había tantos hombres, que tenían sobre mi la autoridad del sexo y la de los años, me aburría grandemente. Mis hermanos hacían todo lo posible por espantar á los muchachos que á mí llegaban con pretensiones amorosas; mi padre los apoyaba, y yo tenía que contentarme, si no con llorar porque nunca fui llorona, con esperar una ocasión propicia para poder hacer mi santa voluntad. A pesar de esto, nunca tuve el proyecto de escaparme de casa. Una muchacha, que servía en el gran caserón de mi padre, empezó á llevarme cartas de un jovenzuelo que se había enamorado de mí. Concedíle varias citas en el campo, para acudir á las cuales me veía precisada á salir por la puerta falsa. El galán estaba muy lejos de ser tonto y yo me encontraba muy bien escuchando sus ternezas y acaramelados discursos, jamás escuchados por mis oídos. Con esto no había necesidad de que nadie me empujase; mi caída tuvo lugar sobre un verde y crecido trigal que nos ocultaba á las miradas de los que pudieran pasar por los caminos. Allí fuí muy feliz, entregándome en el sagrado misterio de los campos, rindiendo culto a la Naturaleza, madre fecundísima del amor. Hasta que un dia, al ponerme en pie, divisé á uno de mis hermanos que se dirigía presuroso hacia mí levantando la mano en ademán amenazador gritando:

-¡Ah gran!… (Aquí las cuatro letras que cruzan la cara como el más cruel de los latigazos.) ¡Ya te encontré!

No me dió tiempo más que á recomendarle al muy amado, que huyese, ocultándose para qu no le conociese mi hermano, mientras que yo huía también á carrera abierta, sin saber á donde me encaminaba. Por fortuna para mí, mi hermano, al querer saltar una zanja para cortarme terreno, cayó. Le oí gritar desaforadamente; maldecir airado… pero debió dislocarse un pie, ó romperse una pierna, porque no vi que después pretendiera seguirme. Huyendo, siempre á la carrera, sin pensar en comer, ni mucho menos en detenerme, llegué al cabo de catorce horas á una población que más tarde supe que era Baeza.

Allí, ayudada por un joven, á quien referí mis cuitas, y á quien no he vuelto á ver, vendí mis pendientes de oro, una pulserita, un collar y unos anillos, con lo que reuní veinte duros que me sirvieron para trasladarme á Madrid. Después… ya lo sabéis. De mis hermanos no he vuelto á saber más; de mi padre tampoco. ¿Y mi primer amante? ¿Ha muerto? ¿Vive? ¿Supieron quién era y vengaron en él lo que sólo debieron castigar en mí? Las investigaciones son siempre peligrosas. Desde aquel día me hice cuenta de que mi personalidad había cambiado. ¡El pasaso! en esta vida donde las horas de placer se van volando, ¿quién es el tonto que se preocupa del pasado, ni á quién apena el porvenir?

Antoñito Piedra

En La Alhambra, Revista quincenal de Artes y Letras que se publicaba en Granada, en su nº 157 de 30 de septiembre de 1904 aparece el siguiente artículo:

Un niño artista. Antoñito Piedra

Ciertamente, que es muy extraño hallar en un cuerpo de niño un espíritu de artista completamente hecho y formado; una intuición tan poderosa, que sin la preparación y el estudio que todo arte requiere, no para el mecanismo de un instrumento, sino para penetrar la idea justa de una obra, todo lo adivine y lo interprete con serenidad de juicio y gravedad de criterio.

Y también es algo extraño que el niño que tan grande espíritu atesora no presuma de hombre, y sea una de esas criaturas precoces que ó dan lástima porque todo es desarrollo de la inteligencia á expensas de la materia, ó un alocado que todo lo trastorna y lo revuelve.

El niño artista á que me refiero no es granadino, es de Jaén, la ciudad vecina; apenas ha cumplido catorce años de edad y sólo le falta un curso para terminar sus estudios de violin en el Conservatorio de Madrid, habiendo estudiado con el inolvidable Monasterio, los primeros años, y con el ilustre violinsta Hierro, después. Llámase Antonio Piedra y es hijo de un inteligente maestro de piano, del mismo nombre y apellido, de quien y del modesto é inteligente violinista de Jaén D. Fernando Roldán recibió la primera educación artística, llegando a distinguirse de tal modo, que la Diputación provincial le pensionó y le envió á estudiar al Conservatorio de Madrid.

Antoñito Piedra, como ejecutante, es notabilísimo. Su escuela es excelente y distinguida; tiene maravillosa seguridad a atacar las notas y la ejecución es clara, justa y perfectamente equilibrada. Expresando, diciendo -que es frase más gráfica- es maravilloso; no es fácil encontrar artistas ya hechos que entiendan así las obras, y he observado que lo mismo interpreta á los grandes autores antiguos que á los modernos, penetrando con la poderosa intuición á que antes me refería, el espíritu de la obra.

En Granada ha dado varios conciertos en las redacciones de El Defensor y La Publicidad, en el teatro Alhambra y en casas particulares, produciendo en todas partes sincero entusiasmo.

Pronto irá á Madrid á terminar sus estudios en nuestra primera escuela de música. Como siempre, al oir á un artista de esperanzas, hay quien piensa que debe continuar su enseñanza en el extranjero. ¡Ojalá lo consigan que el inteligente niño lo merece.

Felicito al artista y á su buen padre, y á Jaén, la ciudad hermana, que tiene la honra de contar entre sus hijos á un artista de brillante y espléndido porvenir. – V. “

Otro viaje a Jaén en el XIX

En el número 279 de la revista Madrid Cómico de 23 de junio de 1888 su director, Sinesio Delgado, escribe el siguiente poema:

(Apuntes de viaje)
JAÉN
-¿Conque vasté a la tierra del ronquío?
(me ha dicho un andaluz muy jaque
que en el camino de Granada tuve
la dicha de encontrarme).
-Sí, señor, á Jaén; ¿quiere usted algo?
-Pues oigasté, compare;
en Jaén hay que ver, ni más ni menos
que tres cosas notables:
la catedral, la cara é Jesucristo…
-¿Y qué más?
-Y el camino par marcharse.
De modo que era horrible
la impresión que tenía al apearme,
y sólo por quitármela de encima
cuando me ví en Jaén, me eché á la calle.
Será porque yo tengo
propensión muy marcada á equivocarme
ó porque llevo siempre la contraria
ó aprecio de otro modo los detalles,
el caso es que ¡lo juro
por la Virgen del Carmen!
me ha gustado Jaén, y no comprendo
que se vaya contento el que se marche.
La poblacion no es cosa
del otro jueves ni del otro martes;
pero hay muchas peores
que no le ocurre despreciar á nadie.
¡Y es tan alegre aquello!
hacia Mengíbar, el extenso valle
que ha transformado el río
en fuente de riqueza incalculable,
y hacia Granada (¡la gentil Granada!)
sirviendo á la ciudad como baluarte
las montañas plomizas
que dora el sol al declinar la tarde,
¡el sol de Andalucía,
que es un sol con corona de brillantes!
Además, engtre aquellos
viñedos y olivares
se conserva el genuino, el legendario,
el pintoresco traje
de la tierra andaluza, que ha servido
para prestar á la nación carácter.
Los anchos pantalones de campana
que al llegar á la bota se entreabren,
el sombrero redondo
y la manta ceñida con donaire.
La hermosa catedral, la más moderna
de nuestras catedrales,
obra de fines del pasado siglo
merece visitarse.
El celebre lagarto, que conservan,
y que es un cocodrilo respetable,
según la tradición, era un demonio
que salió, no se sabe
de dónde ni por qué, tras una santa
y se dió á acometerla con coraje.
Buscó la perseguida
su amparo en una cruz para salvarse,
y ante el lábaro santo
reventó el animal en un instante.
Así me ha referido la leyenda
un andaluz que dice que la sabe
y así la apunto bajo su palabra
sin meterme en dibujos ni detalles.
Junto á la catedral, á pocos pasos,
ocupando un perémetro muy grande
he visto los cimientos de un palacio
que honrará la ciudad cuando se acabe.
Edificio soberbio, por las trazas,
que la Diputación va á regalarse,
aunque según me han dicho, no está ahora
el país para bromas de esa clase;
pero no es de extrañar, porque lo mismo
sucede en todas partes.
También ¡es claro! visité el Casino,
que es bueno y elegante
y que demuestra que en Jaén la vida
no es tan pesada como dijo el jaque.
(…..)

 

Viajando por Jaén a principios del XIX

Transcribo alguno de los fragmentos de este libro de viajes localizable digitalmente en la Biblioteca de Andalucía. Tras cruzar en barco el Guadalquivir antes de Mengíbar, el viajero, Nicolás de la Cruz, llegaba a Jaén:
“Llegamos á Jaen, ó sea á la antigua Aurigi ú Oringe.
Esta ciudad conquistada por el Jaen: su Sto. Rei D. Fernando en 1246 local se halla situada al pie del monte Jabalcuz: es bastante escarpado y produce un marmol negro de que hacen uso en varias de sus obras. Su población será de doce mil habitantes: tiene diez parroquias. La antigua poblacion estaba hacia la parte alta: despues la nueva ha descendido hacia abaxo: ella forma una especie de semi-circulo. En el un extremo se ven trozos de su antiguo muro, y en la cima un castillo arruinado. Tiene dos calles regulares, las demas son tortuosas y con descensos y repechos. La plaza principal tiene una fuente de excelente agua. (…)
En Jaen naciò D. Luis Cabeza de Vaca Obispo de Canaria, Salamanca y Palencia, maestro del Emperador Carlos V. Tambien han florecido los medicos Alfonso Freilas que escribió sobre los contagios, y Juan de Viana autor de un tratado de pestes, sus causas y su curación. En las artes han tenido nombre Sebastian Martinez, ya citado, que nacio en 1602 y fue pintor de Felipe IV: Manuel Molina que estuvo en Roma el qual nació en Jaen en 1614 y murió de lego franciscano en 1677: era inferior á Martinez en su profesion. Un Juan de Aranda se hacia honor en la escultura en el siglo XVI.
Segun parece Jaen no tiene paseos ni diversiones. No obstante goza deliciosas vistas. Por su situación debe ser pais de muchos vientos. Su territorio vecino tampoco es abundante de cosechas, asi no es la ciudad mui rica. (….)”
¿Han pasado dos siglos?