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Cenotafio

Cementerio de San Eufrasio 1-11-2012

 

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Miserere

Miserere

Miserere

El Cementerio de San Eufrasio, el cementerio viejo, es un lugar mágico para pasear. El otro día me llamó la atención esta frase latina en la portada de un panteón: EXSULTABUNT OSSA HUMILIATA. La frase me llevó a la historia de Betsabé que os cuento con las palabras de Manuel Vicent :

“Un día de verano se levantó de la siesta el rey David y desde la azotea de palacio vio a una joven de extraordinaria belleza que se estaba bañando desnuda en el jardín de su casa. El rey David quiso saber quién era aquella muchacha. Le dijeron que se llamaba Betsabé, la hija de Eliam, mujer de Urías. El rey mandó a un mensajero que le hablara de su parte, la hizo venir a palacio y llegada a su presencia la poseyó sin más preámbulo, durmió con ella, la cual después se purificó de su inmundicia y volvió preñada a casa. Betsabé le mandó recado al rey. “He concebido”, le dijo. En ese tiempo, Israel estaba en guerra con los ammonitas y tenía sitiada la ciudad de Raba. El rey David llamó a Urías, marido de Betsabé, lo sentó a su mesa, lo agasajó con un gran banquete y trató de embriagarle. Después ordenó a Joab, jefe del ejército, que lo colocara en el lugar más peligroso de la primera línea de combate para que fuera herido y muriera, cosa que sucedió tal como pensaba. Desde lo alto de la muralla lo mató un ballestero y el rey David fingió gran dolor, pero enseguida tomó a Betsabé por esposa y ella parió un hijo, que no fue del agrado de Yavhé por ser fruto de adulterio. De hecho, la criatura fue sacrificada. Con un poco de penitencia, el rey obtuvo el perdón y a continuación David consoló a Betsabé, durmió con ella y de esa coyunda nació el sabio Salomón.”

Según la tradición judía, David, reconociendo su error, cantó, en son de penitencia, un salmo: el Miserere, adaptado a la música polifónica por Palestrina y que todos los miércoles y viernes santos puede escucharse en la Capilla Sixtina y, desde 1860, todos los martes santos en la catedral de Baeza, en la versión de Hilarión Eslava. Una de sus partes es: Auditui meo dabis gaudium et lætitiam, et exsultabunt ossa humiliata – A mi oído darás gozo y alegría, y se regocijarán mis huesos abatidos.


La tierra para quien la ….

Cuentan que la tapia de un cementerio amaneció un día con la siguiente pintada: Muertos, ¡levantaos!, la tierra para quien la trabaja.

En el cementerio viejo de Jaén, ésta se ha transmutado en:

¡Muertos levantaos, la tierra para los constructores!