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Movimiento abierto por la cultura

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“Al parecer, los cultos griegos no tenían una palabra para la cultura. Tenían buenos arquitectos, buenos escultores, buenos poetas, como también tenían buenos artesanos y buenos estadistas. Sabían que su estilo de vida era un buen estilo de vida y, en caso necesario, estaban dispuestos a luchar para defenderlo. Pero nunca se les habría ocurrido que tenían un bien en sí mismo, la cultura. Algo a lo que sus académicos podían ponerle una marca registrada, algo que las personas superiores que tuvieran suficiente tiempo y dinero podían adquirir, algo susceptible de ser exportado a otros países junto con los higos y las aceitunas. Ni siquiera era una exportación invisible: si existía era algo natural de lo que no eran conscientes, algo tan instintivo como el lenguaje o la complexión de su piel. Ni siquiera podía describirse como un derivado de su estilo de vida: era el estilo de vida en sí mismo”.
Herbert Read: Al infierno con la cultura

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Hoy estuve en la manifestación-desfile del Movimiento Abierto por la Cultura (MAC) que finalizó en la Plaza de Santa María con la lectura de un Manifiesto por la Cultura en Jaén que consta de 14 puntos desilusionantes.

Si establecemos el 14 como el número ideal de propuestas ahí van las del Colectivo DesFace en su libro Contra el arte y el artista que puede descargar aquí.

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Azar


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Este año lo dejaré todo al azar.

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Foco Henri Langlois

Foco

En 1982, en el prefacio del libro de Richard Roud, L’Homme de la Cinémathèque, escribía François Truffaut:

Como todos los hombres “obsesionados”, Henri Langlois dividía el mundo, a las personas, los acontecimientos en dos bloques: 1) lo que es bueno para la Cinémathèque; 2) lo que no es bveno para la Cinémathèque. Aunque alguien le conociera desde  hacía diez años, no perdía el tiempo preguntándole por su salud o su familia, porque las mismas nociones de salud y de familia sólo se podían referir a la salud de la Cinémathèque y a la familia de la Cinémathèque. Ésto no le impedía ser cordial siempre que el interlocutor aceptara subirse en marcha al tren de su conversación, que era más bien un monólogo que giraba alredor de un complot sobre el cual no le importaba que el otro ignorara las circunstancias. Por ejemplo: “-Buenos días Henri, ¿qué tal te va? -Muy mal. La rue de Valois quiere anular la asamblea del 17 de marzo a causa de las procuraciones, pero yo he contestado al inspector Pasquet que, si el ministerio hacía caso omiso de las resoluciones del 23 de julio, yo cerraría la rue de Courcelles y convocaría a los miembros de la subcomisión para leerles el informe Novak de la FIAF que sigue a la resolución 35 bis del Manifiesto de Locarno, y después he encargado a Viktor que le diga a Bascafe que el 11 de marzo no me harán lo del 29 de abril”.

Nos habíamos acostumbrado a escuchar sin entender nada, a no hacer preguntas, como quien, sin saber nada de solfeo, observa una partitura musical, y habíamos cogido simpatía a esta locuacidad paranoica y a estas caras de conspirador; haciamos broma entre nosotros hasta el momento en que, en febrero de 1968, resultó que todo era cierto. (…..) Fue necesario que el gobierno de De Gaulle la tomara con Henri Langlois e intentara echarlo de la Cinémathèque que él mismo había creado para que se levantara el viento de la desobediencia y las calles de París se llenaran de contestatarios. Si se mira hacia atrás, parece evidente que las manifestaciones a favor de Langlois fueron, respecto a los acontecimientos de mayo de 1968, lo mismo que el tráiler respecto a la gran película que éste anuncia.

Obsesión igual debe aquejar a quienes integran el Foco Henri Langlois;  sin ella no se explica la magnífica programación que han elaborado.

Jaén, este otoño, seguirá sin cines en la ciudad, pero al menos tendremos Cine.

Más información en este enlace.

 

Guillermo Cobo García. El bombardeo de Jaén